Visitando Suertes del Marqués
Parte 1 — Nos acercamos a La Orotava para conocer, de primera mano, el trabajo de Jonatan García.
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Tenía pendiente esta entrada. Como bien sabéis, hace un par de meses estuve por la Island Wines Summit en Tenerife y, aprovechando que andaba por la isla, tuve la suerte de poder visitar a Jonatan García — alma mater en Suertes del Marqués — dos días consecutivos. Dos días completamente antagónicos. Uno con un cielo encapotado a más no poder, donde jarreó lluvia a mares y, el otro, con cielos completamente despejados, dejando de manifiesto el por qué esta isla es un paraíso. Con eso ya os explico casi la compleja realidad microclimática en la cara norte de la isla — azotada por los vientos alisios y regada por lluvias frecuentes.


Como os imaginaréis, dos días dan para mucho, por lo que voy a convertir esta entrada en un mini serial de dos partes. Hoy nos enfocamos en su filosofía de trabajo tanto en campo como en bodega, para luego lanzar una segunda donde os dejaré mis impresiones sobre cada una de las cuvées que he podido catar.
Lo dicho, estamos en La Orotava, un valle que nace tras el colapso de la ladera hace miles de años, donde corrimientos de lava se han ido depositando a medida que pasaban los años para crear lo que son hoy sus suelos característicos. Es la región tinerfeña donde se concentra la mayor extensión de viñedo de la isla. Un lugar histórico de clara influencia portuguesa, cuyos primeros colonos se establecieron para dedicarse al mercado de la caña de azúcar. Cuando ese mercado se trasladó a lo que es hoy Latinoamérica, se empezaron a dedicar al vino.
Así, el motor de esta región, desde los siglos 16 hasta finales del 19 fue la viticultura. En aquellos tiempos, se producían en la región ¡14 millones de litros! Cosa que es una salvajada si tenemos en cuenta que hoy están en torno a 1 millón entre todas las bodegas que componen las 300 hectáreas de la D.O. Una industria que funcionaba al más puro estilo négociant. Pero, la historia de la viticultura en el archipiélago, es tema para otro día.
Aunque en nuestra mente tendamos a asociar los inicios de la viticultura en la isla con la Malvasía (debido al Canary Sack), no sería hasta, alrededor del 1540, cuando esta variedad tuvo su boom. Antes, la variedad reina de la isla era la ¡Torrontés! Después le llegaría el declive también a la Malvasía, empezándose así a hacer vino seco de un estilo al que llamaban Vidonia o Vidueño, que no viene a ser otra cosa que un blend de variedades, entre ellas, la Listán Blanco, que es la que se impone hoy entre las variedades blancas de la zona.
Hoy, casi todas las vides están a pie franco. El aislamiento insular hizo que no se trajesen variedades internacionales e impidió que la filoxera arruinase ese paisaje lleno de vides en cordón trenzado tan típico e idiosincrásico en la Orotava — Sí, ya sé que se han encontrado vestigios de filoxera el año pasado, pero eso lo hablaremos en otro post.
El caso es que aquí nos encontramos visitando a Jonatan, quien es el mayor viticultor de la zona, con 12 hectáreas de viñedo. 9 de ellas son en propiedad, ya que para él no sólo es importante ser productor, sino viticultor. El resto se las alquila a viticultores locales que se están jubilando ya del asunto — de ahí nacen etiquetas como Trenzado o 7 Fuentes.


Tal como podéis ver en las fotos, sus viñedos están plantados a altitudes que van desde los 400 a los 800 metros de altitud, en pendientes con una inclinación del 35%, en la cara norte de la isla, mirando al océano Atlántico. Al Oeste de la región es donde suele encontrarse más proporción de Listán Blanco al ser suelos más pobres con mayor contenido en basalto; mientras que en el centro y al Este es donde se encuentra más la Listán Negro, ya que hay más proporción de arcillas.
Todas estas tierras pertenecían a las clases más adineradas de la isla. Hasta los años 60 y 70 cuando, con la llegada del turismo, la gente empezó a hacer dinero y pudieron acceder a comprar sus propios terrenos. Este fue el caso de su padre, quien trabajaba como carpintero. Empezó haciendo vino de manera artesanal para beber con los colegas pero también vendía uvas a otras bodegas. La bodega se fundó en el 2006, que es cuando Jonatan se decide a elaborar y comercializar su propio vino.
Como ya os adelanté, el sistema de conducción tradicional aquí es el cordón trenzado. Se piensa que es un método para adaptarse a la naturaleza de la Malvasía que, al ser una variedad que no produce en la primera yema, se necesitaba hacerle una poda larga. Cada vid desarrolla dos varas largas trenzadas que se disponen siguiendo las curvas de nivel de la ladera escarpada, generalmente orientadas de norte a sur, en las que una sola vid puede alcanzar, en algunos casos, hasta 30 o 40 metros de longitud.
Y así nace, o eso se piensa, este sistema; que también respondía a una practicidad que les permitía cultivar otros vegetales — como la papa o la calabaza — en los meses durmientes de la vid, ya que las varas podían apartarse a un lado una vez terminada la cosecha.



Este dato me llevó a preguntarle si hoy se continuaba trabajando, no con los cultivos antes mencionados, pero con coberturas vegetales de algún tipo. Más que estar preocupado por el uso de ese tipo de coberturas, lo que de verdad le interesa es en recuperar el pH del suelo añadiendo limo para mejorar la asimilación del nitrógeno por parte de las plantas y, así, evitar los perfiles reductivos en sus vinos — tal y como os lo detallo en este otro artículo que publiqué hace casi dos meses ya:
Al entrar en la bodega, lo primero que llama la atención es ver que le gusta trabajar con barricas de formato grande. Las hay de dos mil y dos mil quinientos litros, siendo las más chicas de quinientos litros, que es lo mínimo indispensable para adaptarse a su método de trabajo.



No añade nada a los vinos, excepto una mijina de sulfuroso, considerando que los niveles que utiliza para proteger sus vinos están en una vía de en medio; dejando los tintos a unos niveles de 55 mg/L de sulfuroso, y los blancos entre 60 y 75.
— “Si quieres que los vinos perduren en el tiempo y que viajen, necesitas SO₂, no hay otra. Es la única forma de parar el proceso que lleva al vino a convertirse en vinagre”.
Cada año, hace unas 60 vinificaciones si la añada se lo permite. Es decir, vinifica cada parcela por separado porque le ayuda a entender el potencial de la región de una manera más eficaz. Gracias a ese trabajazo, hoy conoce a la perfección el potencial tanto de cada uno de los viticultores con los que trabaja, como de sus propios viñedos.
Le gusta vendimiar algo temprano porque no le gusta acidificar los vinos, prefiere quedarse con buenos niveles de acidez natural. Además, si la maloláctica se decide a arrancar, todavía le quedará buena acidez a los vinos; aunque normalmente le gusta bloquearla precisamente con sulfuroso.
Hace 18 vinos, de los cuales pude catar 16 etiquetas diferentes. Su filosofía es muy clara y se refleja perfectamente desde los vinos de pueblo, en los que también trabaja con uva de négociant, hasta en esa colección de vinos de parcela única que constituye el verdadero corazón de la bodega. Los vinos que he probado son los siguientes:
- Trenzado 2021
- Trenzado 2024
- Vidonia 2017
- Vidonia 2018
- Vidonia 2024
- Vidonia V.P. 2021
- Vidonia V.P. 2024
- Edición 3, Listán Blanco, 2024
- Rosado, 2024
- La Floridita, 2024
- Malvasía Rosada, 2021
- 7 Fuentes, 2021
- La Solana, 2022
- La Solana, 2023
- Candio, 2021
- El Esquilón, 2021
- El Chibirique, 2022
- Edición 3, Listán Negro, 2024
- Las Suertes, 2022
- Vidueño, 2022
- Cruz Santa, 2022
- El Ciruelo, 2017
Las notas de cata ya están disponibles:
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